martes, 14 de agosto de 2018

CBD vs THC - ¿Cuáles son las diferencias?

CBD vs THC - ¿Cuáles son las diferencias?

"El Cannabidiol (CBD) y el Tetrahidrocannabinol (THC) son compuestos de origen natural que se encuentran en la planta de genero Cannabis".
Hasta la fecha se han aislado mas de 113 compuestos químicos producidos en la planta Cannabis sativa L. estos dos son sin duda los más conocidos y los más investigados. El cannabidiol (CBD) y el tetrahidrocannabinol (THC) son compuestos de origen natural que se encuentran en las plantas del género de cannabis. Conocidos como fitocannabinoides, estos compuestos interactúan con los receptores CB1 y CB2 que se encuentran en el sistema endocannabinoide presente en todas las especies de mamíferos. 

El CBD se aisló por primera vez en 1940, mientras que el THC fue aislado en 1964 por el prominente científico de cannabis, Raphael Mechoulam. En el nivel más fundamental, el THC y el CBD son diferentes debido a sus diferentes efectos fisiológicos. El CDB no es psicotrópico y, por lo tanto, no hace sentir drogado al que lo consume, mientras que el THC es psicotrópico y es el único compuesto conocido derivado del cannabis que produce un efecto de "elevación". Aquí observamos algunas de las diferencias clave y similitudes entre CBD y THC.

CBD vs THC : La estructura quimica

Fig 1. La estructura molecular del Cannabidiol (CBD) y el Tetrahidrocannabinol (THC)
El THC y el CBD son solo dos compuestos de una familia de alrededor de 113 componentes bivalentes y tricíclicos compuestos cannabinoides que se encuentran naturalmente en el cannabis. Tanto el CBD como el THC comparten exactamente la misma fórmula molecular, C21H30O2, que contiene veintiún átomos de carbono, treinta de hidrógeno y dos de oxígeno. Su masa molecular es prácticamente idéntica a THC y CBD que tienen masas de 314.469 g / mol 314.464 g / mol, respectivamente.


Fig 2. Biosíntesis de CBD y THC desde ácido cannabigerólico CBNG

La biosíntesis de THC y CBD en el cannabis también sigue una vía muy similar. El ácido cannabigerólico (CBGA), el precursor de todos los cannabinoides naturales, se cicla en ácido tetrahidrocannabinólico (THCA) y ácido cannabidiólico (CBDA) por THCA y CBDA sintasa, respectivamente. Los productos finales de THC y CBD se forman a través de la descarboxilación de estas formas ácidas. Estructuralmente, sin embargo, hay una diferencia importante. Cuando el THC contiene un anillo cíclico (ver Figura 1), el CBD contiene un grupo hidroxilo. Es esta diferencia aparentemente pequeña en la estructura molecular que les da a los dos compuestos propiedades farmacológicas completamente diferentes.

Las propiedades químicas de CBD vs THC  

Al igual que con muchos de los cannabinoides, el THC y el CBD tienen baja solubilidad en agua, pero una buena solubilidad en la mayoría de los solventes orgánicos, particularmente lípidos y alcoholes. Tanto el THC como el CBD están presentes en el cannabis en una mezcla de formas ácidas, que se descarboxilan fácilmente y se alteran químicamente con el calentamiento, importante cuando se considera que fumar cannabis es la forma más común de consumo. El THC también es muy conocido por su capacidad para unirse al vidrio y al plástico. Por lo tanto, las preparaciones de THC se almacenan típicamente en solventes básicos u orgánicos en cristalería de silicato de color ámbar para evitar pérdidas, especialmente durante los procedimientos de prueba analítica.

Los efectos fisiológicos del CBD frente al THC

Fig 3. Izquierda: El THC es un potente agonista parcial de los receptores CB1. Es esta estimulación la que lleva a los tipos efectos psicotropicos del consumo de Cannabis. Derecha: El CBD es un modulador alostérico negativo de los receptores CB1 por lo que cambia la forma del receptos CB1 debilitando su capacidad de unirse a THC. 
CB1 es un receptor cannabinoide acoplado a la proteína G localizado principalmente en el sistema nervioso central y periférico con una abundancia particularmente alta en el cerebro. Como parte del sistema endocannabinoide, es activado por los neurotransmisores endógenos, la anandamida y el 2-araquidonoilglicerol, así como por otros compuestos naturales, incluidos los fitocannabinoides que se encuentran en el cannabis. Como potente agonista parcial de CB1, el THC estimula el receptor CB1 y produce los efectos psicotrópicos experimentados al consumir cannabis. CBD, por otro lado, está clasificado como un modulador alostérico negativo de CB1, lo que significa que altera la forma del receptor CB1. Este cambio hace que sea más difícil para los agonistas de CB1, como el THC y otros agonistas de CB1 endógenos, estimular el receptor. El hecho de que CBD no se une a, o estimula, CB1 es también la razón por la que no produce los efectos psicotrópicos asociados con THC.


Cómo CBD vs THC interactúan entre sí 

A través de sus interacciones con el receptor CB1, se cree que el CBD modula los efectos psicotrópicos del THC al inhibir su capacidad para unirse y estimular el receptor. Por eso las personas no se sienten tan "altas" cuando usan cannabis rico en CBD en comparación con cuando consumen productos con alto contenido de THC. El CBD puede reducir algunos de los efectos negativos del THC al disminuir la ansiedad, la paranoia y el deterioro de la memoria a corto plazo que a menudo se experimenta al consumir cannabis. La evidencia sugiere que un producto rico en CBD con poco THC de hecho puede transmitir beneficios terapéuticos sin tener un efecto eufórico o disfórico.
  

A pesar de la evidencia de interacciones positivas entre CBD y THC, todavía hay un gran impulso para THC y CBD solo medicamentos. En términos generales, esto refleja el consenso de la industria farmacéutica tradicional de que un medicamento con un solo ingrediente activo es más fácil de desarrollar, evaluar, producir, prescribir y regular. Como evidencia de los efectos beneficiosos de la combinación de cannabinoides en la medicina aumenta esto puede cambiar. Particularmente con el crecimiento en popularidad del concepto de medicina vegetal completa. En resumen, los defensores de la medicina vegetal integral argumentan que el cannabis se debe utilizar en la forma más natural posible ya que los diversos cannabinoides y otros compuestos activos en el cannabis tienen un efecto combinatorio, también conocido como el efecto séquito.


Los usos médicos del CBD vs THC

 

 El uso del cannabis como planta medicinal data de miles de años en todas las culturas del mundo. Sin embargo, debido a las restricciones y regulaciones relativamente modernas, la investigación sobre el uso del cannabis como medicina en el mundo moderno ha sido severamente limitada. A medida que la legalización y la despenalización del cannabis aumentan en todo el mundo, se abre la posibilidad de investigar sus usos potenciales.
  
En octubre de 2017, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe previo a la revisión que proporciona la suma más actualizada de los usos clínicos actuales y potenciales del CBD. La evidencia inequívoca ahora apoya el uso de CBD en el tratamiento de al menos algunas formas de epilepsia, incluido el síndrome de Dravet, un complejo trastorno de epilepsia infantil que se asocia con convulsiones resistentes a los medicamentos y una alta tasa de mortalidad. Otras indicaciones son consistentes con sus propiedades neuroprotectoras, antiepilépticas, hipoxia-isquemia, ansiolíticas, antipsicóticas, analgésicas, antiinflamatorias, antiasmáticas y antitumorales. Estas indicaciones se basan en evidencia clínica y preclínica limitada, así como en montones de pruebas anecdóticas. Los enfermos de Alzheimer, Parkinson y la enfermedad de Huntington, así como la esclerosis múltiple, la psicosis, la ansiedad, la depresión, el cáncer y muchos más podrían beneficiarse del tratamiento con CBD según la OMS.

Al igual que el CBD, existe una larga lista de posibles usos clínicos del THC. Hasta la fecha, la FDA ha aprobado solo dos medicamentos que contienen THC y un cannabinoide sintético que emula la actividad del THC. El dronabinol es una cápsula de gelatina que contiene THC que se administra por vía oral para tratar las náuseas y los vómitos causados ​​por la quimioterapia contra el cáncer, así como la pérdida de peso y el escaso apetito en pacientes con SIDA. La nabilona contiene una versión sintética de THC y está aprobada para el tratamiento de las náuseas y los vómitos causados ​​por la quimioterapia contra el cáncer cuando otros medicamentos no han funcionado. Una vez más, al igual que con el CDB, una gran cantidad de evidencia científica y anecdótica respalda el uso del THC como medicamento. Los usos potenciales incluyen el tratamiento del dolor neuropático, dolor causado por una lesión o accidente, depresión, trastornos del sueño, ansiedad y muchos más.















jueves, 2 de agosto de 2018

Cannabis como tratamiento de la Ansiedad

Cannabis como tratamiento de la Ansiedad

 
"Al menos un ensayo clínico, utilizando además técnicas de neuroimagen, ha demostrado el efecto ansiolítico del CBD en personas con trastorno de ansiedad generalizada."


La ansiedad es probablemente el trastorno psicológico más prevalente. Si las asociaciones entre consumo de cannabis y esquizofrenia no están del todo establecidas, aún lo están menos para el caso de las relaciones entre consumo de cannabis y desarrollo de ansiedad, existiendo actualmente diferentes teorías para las que cada una de ellas cuenta con un particular cúmulo de evidencias. Lo que sí cuenta con más evidencias es que un incremento en la actividad del sistema endocannabinoide está asociado con una reducción de la ansiedad y de la respuesta al estrés, y que una alteración de dicho sistema se asocia con situaciones de estrés, ansiedad y depresión. Es posible también que diferentes expresiones genéticas de los receptores CB1 estén implicadas en los estados de ansiedad. Respecto a los efectos agudos del cannabis sobre la ansiedad, al igual que ocurre con otras efectos psicológicos, el cannabis puede actuar de manera “bifásica”, esto es, puede producir efectos opuestos (por ejemplo, relajación o ansiedad) dependiendo de la dosis, del ratio THC/CBD o de factores más complejos, como la personalidad, el contexto en el que se consume, etc. Lo que sí se ha mostrado consistentemente en invetigación animal es el efecto ansiolítico del CBD y al menos un ensayo clínico, utilizando además técnicas de neuroimagen, ha demostrado el efecto ansiolítico del CBD en personas con trastorno de ansiedad generalizada

Por último, otra utilización prometedora del CBD es en el tratamiento de la fobia social, que es un miedo intenso en situaciones sociales que causa una considerable angustia y deterioro en la capacidad de funcionamiento en distintas áreas de la vida diaria. Una expresión prototípica en la que se manifiesta la fobia social es el miedo a hablar en público. Un ensayo clínico a doble ciego y controlado con placebo ha encontrado resultados de reducción de las medidas de ansiedad en pacientes con fobia social. Si los resultados de las investigaciones que se están realizando en la actualidad sobre el potencial ansiolítico del CBD siguen apuntando en esta misma dirección, se podrá disponer de un fármaco barato y seguro que carece de los efectos secundarios y del potencial de abuso que poseen los fármacos que se utilizan actualmente para el tratamiento de las diferentes manifestaciones de los trastornos de ansiedad (como son las benzodiacepinas).
 



viernes, 29 de junio de 2018

Enfermedades inflamatorias autoinmunes y el Cannabis

Enfermedades inflamatorias autoinmunes y el Cannabis

El CBD tiene demostradas propiedades en la modulación de respuestas inmunológicas  que le confieren un efecto antiinflamatorio con potencial uso terapéutico para el tratamiento de las patologías de base inmunitaria.





El sistema endocannabinoide tiene implicación fundamental en la modulación del sistema inmunológico por medio de complejos mecanismos. Se han encontrado ambos tipos de receptores cannabinoides, pero a franco predominio de los CB2, en prácticamente todas las células involucradas en la respuesta inmunológica. 

Como ya se ha dicho, al menos varios de los fitocannabinoides como el THC, CBD y CBN tienen propiedades inmunomoduladoras. Las vías y mecanismos de acción son complejos y no todos actúan por la misma vía y con iguales efectos. 

Al presente, y según los distintos estudios preclínicos disponibles, el CBD tiene demostradas propiedades en la modulación de respuestas inmunológicas  que le confieren un efecto antiinflamatorio con potencial uso terapéutico para el tratamiento de las patologías de base inmunitaria. Si bien su acción implica varios mecanismos entre los que se incluyen la supresión de la activación o reactividad de las células inmunitarias T y los macrófagos, un mecanismo también relevante es la atenuación del estrés oxidativo e infiltración celular, como ya se viera en otros capítulos. 

Frente a cualquier injuria, el organismo reacciona con una respuesta inflamatoria cuyo objetivo es restringir el área en sufrimiento, controlar y eliminar lo que genera el daño, para dar paso a la posterior reparación de los tejidos. A veces, no resulta así y entonces por distintas causas el proceso no se detiene o bien se repite por empujes, constituyéndose una enfermedad inflamatoria crónica de base inmunitaria que resulta de una respuesta exuberante del sistema inmunitario. Es esa respuesta inflamatoria la responsable del daño y los síntomas y signos. A estas enfermedades se las conoce como enfermedades autoinmunes, pues el organismo reacciona contra sí mismo. Dentro de este grupo se encuentra la Artritis Reumatoide, el Lupus Eritematoso Sistémico, la Enfermedad de Crohn, la Tiroiditis de Hashimoto, la Psoriasis y la Esclerodermia. Algunas de ellas están focalizadas a un órgano, mientras que otras atacan tejidos que se encuentran en todo el organismo y por eso se llaman sistémicas. 

Históricamente, el cannabis ha sido utilizado para aliviar los síntomas de la Artritis Reumatoide (AR). En el año 2005, Ware  et al. publicaron los resultados de una encuesta nacional del Reino Unido realizada en- tre 1998 y 2002 en la que preguntaban a los pacientes sobre uso de cannabis. De los 2969 cuestionarios con- testados, el 25% de la muestra reportó uso de cannabis medicinal para distintas condiciones clínicas como dolor crónico, esclerosis múltiple, depresión, neuropatías, y el 25% de estos usos era para la artritis. 

Actualmente se cuentan con algunas evidencias que justifican y permiten comprender por qué las personas con AR apelan a su uso. La evidencia preclínica y clínica reciente de distintos investigadores sugiere que la activación de receptores CB1 induce respuestas proinflamatorias en células inmunitarias, mecanismo que está en la base de algunas enfermedades como la diabetes. Para estudiar los efectos y mecan- ismos de acción de los cannabinoides en estas enfermedades se han desarrollado modelos animales. Por ejemplo, para la artritis reumatoide se desarrolló un modelo experimental murino en el que, luego de desarrollados los síntomas se administraba CBD por vía oral o peritoneal. También se desarrolló un modelo bovino. Los autores reportaron que en ambos el tratamiento fue eficaz en la detención de la progresión de la artritis con mejoría de los síntomas y concluyeron que, en función de los datos registrados para distintos mediadores de la respuesta inflamatoria, el CBD, a través de la combinación de sus acciones inmunosupresora y antiinflamatoria tiene un efecto anti-artrítico potente en el modelo estudiado. Otro estudio experimental evidenció el efecto de los can- nabinoides, en este caso un cannabinoide sintético no psicotrópico, el ácido ajulémico (AjA), en el bloqueo de la acción de uno de los mediadores del daño en la artritis reumatoide y el lupus eritematoso sistémico. Este estudio demostró la prevención del daño de las articulaciones en la artritis. Los autores concluyen que el ácido ajulémico, podría ser un agente antiinflam- atorio potente y seguro para el tratamiento de estas enfermedades

En 2006 Blake y colaboradores hicieron un ensayo clínico aleatorizado doble-ciego controlado con pla- cebo en el Royal National Hospital for Rheumatic Diseases del Reino Unido para evaluar la eficacia de medicamentos en base a cannabis en el tratamiento del dolor de la AR, en este caso Sativex (2.7 mg de THC y 2.5 mg CBD). A 58 pacientes con diagnóstico de AR activa en los que no se había logrado un adecuado control con la medicación convencional se los aleatorizó en dos grupos: 31 recibirían Sativex y 27 placebo. Se los estabilizó durante los 3 meses previos en un régimen de anti-inflamatorios no esteroideos y prednisolona (un corticoide). Durante 5 semanas les administraron dosis progresivas del spray en la mucosa bucal en la noche comenzando con dosis muy bajas hasta alcanzar la dosis adecuada para cada paciente, la que se mantuvo luego por 3 semanas. Por la mañana siguiente se realizaban las mediciones con distintas escalas a estos efectos, evaluando dolor al movimiento, dolor de reposo, rigidez matinal y calidad del sueño. Todos los síntomas evaluados demostraron una mejoría estadísticamente significativa con respecto al grupo placebo. En el grupo con medicación activa no se registraron efectos adversos (solo de entidad leve a moderada) ni abandonos del tratamiento. Los autores concluyeron que los resultados en cuanto al efecto analgésico son satisfactorios y prometedores a pesar de las pequeñas diferencias, con buena tolerancia general, por lo que recomiendan nuevos estudios clínicos con revisión de las dosis, formulación del producto y grupos de pacientes más grandes. También sugieren los mecanismos de acción para cada síntoma de la enfermedad evaluado: dolor al movimiento por acción periférica, dolor de reposo por acción central, actividad inflamatoria por influencia en el sistema inmunológico. También estiman que la ausencia de efecto en el dolor matinal pueda deberse a que en la línea base del estudio el rango de este síntoma era muy bajo.

Estos hallazgos clínicos son consistentes con los estu- dios experimentales antes mencionados que identifi- can distintos mecanismos de acción del 9-THC y del CBD. Con respecto al CBD el estudio de Liu et al.334 de 2010 muestra su acción tanto en la respues- ta inmunológica humoral (anticuerpos) como celular (linfocitos). Los autores señalan que dado que se demuestra su acción sobre las células Th1 (linfocitos helper tipo 1) pero en principio no sobre los Th2, el CBD podría ser un agente terapéutico potencial para el manejo de enfermedades autoinmunes Th1 dominantes como es la AR. 

Esto no obsta para que el efecto analgésico y antiinflamatorio y por otros mecanismos de acción del CBD y del 9-THC ambos puedan aportar otros beneficios al tratamiento de otras enfermedades inflamatorias autoinmunes que no sean Th1 dominantes que cursen con dolor e inflamación. En este sentido, la reciente revisión de KP Hill de 2015 concluye que algunas condiciones clínicas como las náuseas y la estimulación del apetito (indicación aprobada por la FDA para dronabinol y nabilona), dolor crónico, dolor neuropático y espasticidad asociada a esclerosis múltiple, cuentan con evidencia clínica de alta calidad y que los médicos deberán hacer las evaluaciones para determinar la pertinencia del uso de cannabis para cada paciente incluyendo la evaluación de la relación costo-beneficio.




 
 
 





miércoles, 27 de junio de 2018

El cannabis en el cáncer y los cuidados paliativos


El cannabis en el cáncer y los cuidados paliativos 




sin duda las utilidades más prometedoras del cannabis y de los cannabinoides son las que viene ofreciendo desde hace décadas la investigación preclínica (células de cultivo en laboratorio e investigación animal), que viene acumulando evidencias, cada vez más sólidas, acerca del potencial papel anticancerígeno de los cannabinoides.


Según la Organización Mundial de la Salud, el cáncer es una de las principales causas de morbilidad y la principal causa de mortalidad a escala mundial. En 2012, hubo 14 millones de nuevos casos y 8,2 millones de muertes relacionadas con él. Los principales tipos de cáncer son el pulmonar, hepático, gástrico, colorrectal, mamario y el cáncer de esófago. Se prevé que el número de nuevos casos aumente en aproxi- madamente un 70% en los próximos 20 años, por lo que disponer de fármacos cada vez más nuevos, eficac- es y con el menor perfil posible de efectos secundarios supone hoy día un auténtico reto de salud pública. 

Los primeros usos terapéuticos del cannabis y los fármacos basados en cannabinoides que se autorizaron fueron precisamente como tratamiento de las náuseas y los vómitos derivados de los tratamientos quimioterápicos en pacientes con cáncer. De hecho, hoy día esta es la principal indicación para la que los fármacos basados en cannabinoides están autorizados. Tanto el dronabinol, (THC sintético) como su análogo, la nabilona, están autorizados desde los años 80 para tal indicación. Como los cannabinoides son analgésicos, en algunos países se ha autorizado el Sativex para el tratamiento del dolor de origen canceroso y actualmente se está llevando un estudio a gran escala de Fase III precisamente para evaluar la eficacia del Sativex en este tipo concreto de patología. 

Otra propiedad paliativa del cannabis y de los cannabinoides es su efecto sobre la estimulación del apetito y sobre el síndrome de wasting, o pérdida de peso involuntaria en enfermos en fases avanzadas. Para enfermos de SIDA con anorexia y síndrome de wasting (síndrome consuntivo) está autorizado el marinol, pero su utilidad es extrapolable a estas mismas condiciones médicas en enfermos en fases avanzadas de cáncer. Recientemente se han publicado dos artículos en la prestigiosa revista JAMA, uno consistente en una revisión clínica y otro en un estudio de meta-análisis, sobre las evidencias que existen a día de hoy disponibles acerca de la eficacia de los cannabinoides en medicina. El artículo de revisión clínica muestra cómo el cannabis está autorizado para el tratamiento de los síntomas asociados al cáncer y/o a los efectos secundarios de los fármacos anticancerosos en todos los estados estadounidenses en los que está regulado el cannabis medicinal. En ese artículo, además, se realizan una serie de consideraciones prácticas que sirven de consejo clínico para considerar a un paciente susceptible de ser tratado con cannabis medicinal, la primera de las cuales establece: “Una condición médica debilitante en la que los datos de los ensayos clínicos aleatorizados sugieren que responde a la farmacoterapia con marihuana medicinal, como náuseas y vómitos asociados con quimioterapia contra el cáncer, anorex- ia por síndrome consuntivo en enfermedades como SIDA, dolor crónico, dolor neuropático o espastici- dad asociada con la esclerosis múltiple”. Con relación al meta-análisis, se evaluaron 28 estudios clínicos controlados, bien con otros fármacos antieméticos, bien con placebo (con 1772 participantes), en los que se utilizaron cannabinoides para el tratamiento de la náusea y el vómito en quimioterapia. Catorce estudios fueron con dronabinol, 1 con Sativex, 4 con levonantradol (un cannabinoide sintético similar al THC) y 6 con THC. Todos los estudios sugirieron un mayor beneficio de los cannabinoides con relación tanto con los fármacos de comparación, como con los placebos, aunque no en todos los estudios el beneficio de los cannabinoides fue mayor que el de los fármacos de comparación. Sin embargo, la media del número de pacientes que mostró una respuesta completa a las náuseas y los vómitos fue mayor con los cannabinoides que con placebo

Los beneficios potenciales del uso de cannabis en pacientes con cáncer no se limitan a la reducción de las náuseas y de los vómitos asociados a la quimioterapia. Una revisión reciente ha analizado todos los estudios en los que se han utilizado cannabinoides en otros problemas médicos asociados al cáncer, habiéndose encontrado resultados positivos también en cuanto a la estimulación del apetito, aumento de la analgesia en las condiciones cancerosas que cursan con dolor, en neuropatías asociadas a determinados tipos de cáncer, en la ansiedad, la depresión y problemas de sueño, y en la respuesta de la eficacia clínica cuando se combinan cannabinoides con fármacos opiáceos para el tratamiento del dolor269. De hecho, uno de los usos hoy día de los cannabinoides en cuidados paliativos de enfermos de cáncer es precisamente su combinación con fármacos opiáceos, sobre todo en situaciones en las que los cuidados paliativos se realizan fuera de un contexto hospitalario. Los cannabinoides son considerados fármacos considerablemente más seguros que los opiáceos y la combinación entre ambos fármacos permite reducir las dosis de opiáceos y así reducir notablemente la mortalidad asociada a sobredosis de opiáceos en situaciones de cuidados paliativos. Se estima que esta estrategia terapéutica podría evitar miles de muertes asociadas a la toxicidad aguda de los opiáceos, sobre todo cuando los cuidados paliativos se realizan en la casa de los pacientes, donde el control médico es menos exhaustivo que en los hospitales. Además, las dosis de cannabinoides utilizadas en cuidados paliativos no necesitan llegar al nivel de la psicoatividad para ser efectivas cuando se combinan con opiáceos, por lo que el perfil de efectos secundarios también se limitaría mucho al utilizar en combinación cannabinoides y opiáceos

Pero sin duda las utilidades más prometedoras del cannabis y de los cannabinoides son las que viene ofreciendo desde hace décadas la investigación preclínica (células de cultivo en laboratorio e investigación animal), que viene acumulando evidencias, cada vez más sólidas, acerca del potencial papel anticancerígeno de los cannabinoides. Se conoce que los receptores CB1 y CB2 se encuentran expresados en muchos tipos de células cancerosas (tumores), y se ha observado en investigación preclínica que los cannabinoides ejercen acciones de apoptosis (muerte celular programada) sobre dichas células, así como previenen la proliferación de células cancerosas y bloquean el desarrollo de metástasis (proliferación de células cancerosas a otros órganos previamente no afectados). Los procesos antitumorales precisos de los cannabinoides no se conocen en profundidad (de la misma forma que no se conocen en profundidad y detalle los procesos de generación tumoral), ya que cada tipo de tumor tiene su propia dinámica bioquímica interna, así como la tiene cada paciente. Sin embargo cada vez se van conociendo más y mejor estos procesos. 

Por ejemplo, se sabe que la acción antitumoral de los cannabinoides se debe a diferentes procesos, como por ejemplo, que promueve la estimulación de ceramida (una sustancia proapoptópica), la autofagia (la autodestrucción celular), o la inhibición de la proliferación tumoral (mediante la expresión de proteínas concretas, como la p8). Sin embargo, también existen algunas evidencias que apuntan hacia una acción protumoral de los cannabinoides en determinadas condiciones. Como se ha dicho, cada tumor responde a su propia dinámica bioquímica, por lo que en la actualidad se está investigando para qué dinámicas concretas podría estar contraindicado el uso de cannabinoides. Los investigadores sí están de acuerdo en que la acción antitumoral es superior cuando se combinan diferentes cannabinoides en comparación con cannabinoides aislados. En cualquier caso, ya se ha dado el salto en medicina oncológica de la investigación preclínica a la humana. En 2006 se publicó un estudio en el que se observó en humanos una acción antitumoral en pacientes con gioblastoma (un tipo de cáncer cerebral especialmente agresivo), y en la actualidad existen al menos dos ensayos clínicos en marcha en los que se está investigando la acción antitumoral del cannabis en diferentes tipos de cáncer, entre ellos el gioblastoma.


 
 
 








sábado, 19 de mayo de 2018

Dolor, Cannabis como estrategia para combatirlo.

Dolor, Cannabis como una estrategia para combatirlo.




"Cada día hay más investigación en la que se demuestra que el cannabis puede ser tanto un coadyuvante de los fármacos convencionales existentes para tratar el dolor, como una medicina sustitutiva de dichos fármacos."

El dolor es un trastorno universal que supone uno de los mayores retos para la salud pública, tanto en términos clínicos como económicos y que no sólo afecta a la persona que lo padece, sino que tiene una inmensa repercusión en su entorno. No hay nada más desesperante para un paciente y sus allegados que el padecimiento por parte del primero de un dolor crónico, que cuando no es tratado adecuadamente puede llegar a afectar a la dignidad de la persona. Numerosas patologías médicas cursan con dolor: artritis, migrañas, lesiones neuronales, cáncer y un largo etcétera. Actualmente se dispone de una gran cantidad de fármacos para el tratamiento del dolor con un grado de eficacia variable, según cada paciente y cada patología. Cada día hay más investigación en la que se demuestra que el cannabis puede ser tanto un coadyuvante de los fármacos convencionales existentes para tratar el dolor, como una medicina sustitutiva de dichos fármacos. De hecho, de entre todos los pacientes que hacen uso de cannabis medicinal, una de las principales patologías por las que la usan es para tratar el dolor crónico. 


Por ejemplo, de las personas registradas en los programas de cannabis medicinal de los Estados Unidos, el 92,2% de los pacientes lo usan para el tratamiento del dolor grave y crónico. Con respecto a una muestra de 628 usuarios de marihuana medicinal en Canadá, el dolor estaba entre los tres principales síntomas. El 72% de los pacientes refirieron que la marihuana fue siempre útil y el 24% que lo era frecuentemente. Aunque algo más de la mitad de la muestra total manifestó usar otras medicaciones; de ellos, casi el 80% refirió que la marihuana tenía menos efectos secundarios que el resto de fármacos

Con relación al alivio de los síntomas, en una encuesta norteamericana compuesta en el 97% por pacientes con dolor crónico, se preguntó por el grado de alivio que experimentaban al utilizar cannabis: en una escala de 0 a 10 de intensidad del dolor, la disminución media fue de 5 puntos (7,8 a 2,8) entre antes y después de con- sumir cannabis, lo cual implica una disminución relativa promedio del 64%. La mitad de los encuestados informó también experimentar alivio del estrés y la ansiedad secundarios a la enfermedad y casi la mitad (45%) refirió alivio del insomnio. La mayoría de los pacientes (71%) no refirieron experimentar efectos adversos


El cannabis se ha utilizado durante miles de años para el tratamiento del dolor, pero ha sido en las últimas décadas cuando se ha empezado a acumular evidencia científica sobre su eficacia, así como de la implicación del sistema cannabinoide endógeno en los mecanismos de la analgesia, el cual ejerce modulación en todas las fases del procesamiento del dolor. 

El sistema endocannabinoide funciona de manera retrógrada, esto es, inhibiendo la activación de señales en respuesta a una actividad neuronal excesiva. Esta inhibición del disparo neuronal se manifiesta en las vías del dolor en forma de analgesia y reducción de la sensibilidad del dolor. Hay gran abundancia de receptores CB1 tanto en las áreas cerebrales encargadas de procesar el dolor, como en los nervios periféricos que transmiten las sensaciones dolorosas al cerebro, así como en las áreas cerebrales relacionadas con la valoración afectiva del dolor (áreas frontolímbicas). Por su parte, los receptores CB2 juegan un importante papel en la reducción de los procesos inflamatorios y, sobre todo, en la señalización del dolor y pueden ser de particular relevancia en los estados de dolor crónico. Además, tanto la anandami- da como el 2-AG han demostrado poseer propiedades analgésicas en numerosos estudios de modelos animales. El conocimiento de la implicación del sistema cannabinoide endógeno, junto con el cúmulo de evidencias provenientes de investigación animal, indica que la modulación farmacológica por medio de cannabinoides es una estrategia sumamente interesante para el tratamiento de los estados de dolores refractarios y crónicos. 


Hasta el momento, se han realizado ensayos clínicos tanto con marihuana como con diferentes cannabinoides naturales y sintéticos en los que han participado más de 1000 pacientes, mostrando eficacia en diferentes tipos de dolor crónico, siendo la mayoría de los estudios con pacientes de dolor neuropático  (un tipo de dolor resultante de una lesión en el sis- tema nervioso central y/o periférico) que se presenta en enfermedades propias del sistema nervioso como la esclerosis múltiple, pero también en otro tipo de enfermedades como la diabetes. Tanto el THC, como sus análogos sintéticos (nabilona y dronabinol) como el Sativex se han mostrado útiles en los ensayos clínicos realizados hasta el momento. Por su parte, el CBD, además de también poseer propiedades analgésicas , su capacidad para reducir los efectos psicológicos adversos del THC, así como su potencial como ansiolítico, hace que su combinación con el THC, o su presencia en la marihuana herbal, coadyuven con el THC para facilitar su propiedad analgésica. 

Por último, existen cada vez más estudios clínicos, investigaciones basadas en encuestas y casos an- ecdóticos, que muestran cómo en pacientes con dolor crónico en tratamiento con opiáceos, el uso de marihuana les permite reducir las cantidades de opiá- ceos que toman. Algo, por otra parte, que está en consonancia con la investigación animal y farmacológica, en la que existen abundantes estudios en los que se ha encontrado que la combinación de cannabinoides con opiáceos actúa sinérgicamente de tal modo que se necesitan dosis más bajas de opiáceos para conseguir el efecto analgésico, lo cual reduce considerablemente el riesgo de sobredosis.
 
 

 

 

viernes, 6 de abril de 2018


El cannabis y las enfermedades neurológicas 

Epilepsia 






La epilepsia es una enfermedad neurológica que se presenta entre el 1 y el 2% de la población, provocada por alteraciones en la actividad eléctrica cerebral debidas a distintos trastornos neurológicos que tienen en común provocar descargas de frecuencia e intensidad variable. Estas descargas se traducen en distintos tipos de crisis parciales o generalizadas, con o sin alteración de la conciencia, y clínicamente se presentan como convulsiones, ausencias, mioclonías, espasmos, entre otras. Son recurrentes en el tiempo y por lo tanto, generan distintas consecuencias neurológicas, cognitivas, psicológicas y sociales dependiendo de la gravedad. 

Es una condición clínica multicausal. En algunos casos es secundaria a un traumatismo, tumores o infecciones. En otros, son de causa metabólica y en muchos otros no hay una lesión previa o condición que la explique; son de causa desconocida y responden a una predisposición del sujeto. Dentro de estas últimas, las más conocidas son: el Síndrome de Dravet, el Síndrome de West, el Síndrome de Doose y el Síndrome de Lennox-Gastaut.

Dos tercios de la población con epilepsia responden a tratamiento convencional. El tratamiento consiste en fármacos antiepilépticos (FAE). Sin embargo, un tercio es resistente a la medicación y es lo que se conoce como epilepsia resistente o refractaria (ER). En estos casos es una afección grave que incide negativamente en la calidad de vida, aumenta el riesgo de muerte y de muerte súbita (1 cada 150 pacientes con ER). Además las consecuencias fatales, estos pacientes son más vulnerables a los traumatismos y accidentes. No obstante, aún en ausencia de estas consecuencias agudas, el impacto sobre la calidad de vida del paciente y su familia, el desarrollo cognitivo, la inserción escolar y laboral y la socialización suele ser devastador. 

En estos pacientes se intentan múltiples combinaciones de varios FAE, la estimulación vagal, la dieta cetogénica (que en algunos pacientes resulta) y hasta la cirugía cerebral. En suma, para muchos de ellos no hay opciones terapéuticas. 

El uso de cannabinoides en la epilepsia se remonta a la antigüedad aunque los primeros registros disponibles datan de 1840 cuando W. O’Shaughnessy trató a un niño con tintura de cannabis. En un estudio experimental de 2004 se demostrque frente a un exceso de actividad neuronal el organismo produce endocannabinoides que se unen a los receptores CB1 y se encontró que las neuronas excitatorias glutamatérgicas facilitan la actividad anticonvulsivante de los endocannabinoides. Como ya se ha visto, el THC activa receptores CB1, pero dado que estos receptores se encuentran tanto en neuronas inhibitorias como excitatorias es posible el efecto anticonvulsivante pero también proconvulsivante. El CBD en cambio, en dosis adecuadas se demuestra con actividad antiepiléptica. 


Desde hace varias décadas, distintos estudios preclínicos (con animales) han demostrado las propiedades anti-convulsivantes en distintos modelos: electroshock, crisis audiogénicas, pentilentetrazol y pilocarpina. También se estudió si se desarrollaba tolerancia como a otros FAE como el fenobarbital y se demostró que con dosis repetidas no había desarrollo de tolerancia a largo plazo, lo que significa que la misma dosis sigue siendo eficaz. En cuanto a la evaluación del efecto del CBD en los fenómenos de post-descarga y propagación, Turkanis y sus colaboradores concluyen que “el CBD fue la más eficaz de las drogas estudiadas para contrarrestar las post-descargas y convulsiones de origen límbico.”
 
A nivel clínico, es posible encontrar múltiples relatos anecdóticos e inclusive documentales e informes audiovisuales dando cuenta del efecto antiepiléptico. Sin embargo, en cuanto a estudios se refiere, si bien varios de ellos cuentan con un número reducido de pacientes éstos demuestran la seguridad y eficacia del CBD en el tratamiento de la ER. Así, el estudio aleatorizado controlado con placebo de Mechoulam et al. en un grupo de 9 pacientes adultos con epilepsia temporal refractaria, 4 de los cuales recibieron 200 mg por día de CBD y 5 placebo, reportó que 2 de los 4 pacientes tratados con CBD en 3 meses de tratamiento quedaron libres de crisis y 1 reportó una mejoría parcial mientras que ningún paciente con placebo mostró mejoría alguna. No se reportaron efectos adversos. 

Otro estudio aleatorizado controlado con placebo de 980 con 15 pacientes adultos con ER que presentaban al menos 1 crisis convulsiva generalizada por semana durante un mínimo de 1 año, en el que durante 18 semanas 7 pacientes recibían CBD entre 200-300 mg por día y 8 de ellos placebo, todos manteniendo el tratamiento con FAE, demostró del grupo placebo sólo 1 tuvo reducción de las crisis, mientras que 4 de los 8 que recibían CBD pasaron a estar prácticamente libres de crisis y 3 tuvieron una reducción parcial; ningún paciente refirió efectos psicotrópicos y el efecto adverso más frecuente fue la somnolencia. 

En la Universidad de Stanford, se realizó un estudio observacional sobre una población de 19 niños entre 2 y 16 años con ER (13 Síndrome de Dravet, 3 Síndrome de Doose, 1 Epilepsia mioclónico-estática, 1 Síndrome de Lennox-Gastaut, 1 Epilepsia Idiopática) que habían sido tratados con un promedio de 12 FAE antes de que sus padres comenzaran a hacerles tratamiento con cannabis rico en CBD, con dosis que iban de 0,5mg/kg/día a 28,6mg/kg/día. La frecuencia de crisis previa al inicio del CBD era de entre 2 por semana y 250 al día. Los extractos que utilizaban habían sido analizados y contenían, entre 0 y 0,8mg/kg/día. La dosificación era llevada a cabo por los padres a partir de la información que recibían en el laboratorio de testeo. La encuesta fue validada aplicando una idéntica a los padres de un grupo similar. Los resultados de la encuesta muestran que 16 de 19 padres (84%) informaron una reducción de la frecuencia de crisis. De esos 16, 2 quedaron libres de crisis luego de más de 4 meses de recibir el extracto rico en CBD. De los 14 padres restantes, 8 reportaron una reducción mayor al 80% en la frecuencia de crisis, 3 reportaron una reducción mayor al 50% y otros 3 una reducción del 25%. 3 padres informaron que no hubo reducción de la frecuencia de crisis. 12 padres lograron retirar uno de los FAE luego del inicio de la administración del extracto de cannabis. Otros efectos referidos fueron: mejoría del humor (79%), aumento del estado de alerta (74%), mejoría del sueño (68%) y una dismi- nución de la auto-estimulación (32%). Los únicos efectos adversos referidos fueron somnolencia (37%) y fatiga (16%).

Otra encuesta realizada a 117 padres de niños con ER (Lennox-Gastaut y Espasmos Infantiles) reporta datos similares en un tiempo promedio de tratamiento de 6,8 meses y dosis promedio de 4,3mg/kg/ día de CBD. Un estudio retrospectivo de 2015 presenta porcentajes de respuesta positiva al tratamiento con CBD de 23% en Síndrome de Dravet, 0% en Síndrome de Doose y 88% en Síndrome de Lennox-Gastaut con mejoría de la conducta y alerta del 33%. En cuanto a efectos adversos, este estudio informa un aumento de las crisis (13%), somnolencia (12%) y entre los eventos adversos infrecuentes, movimientos anormales y estado de mal epiléptico.

En el estado de Colorado, una organización llamada Realm of Caring, además de brindar atención médica, controla y monitorea la administración de un extracto de Cannabis sativa de planta entera rico en CBD, con- ocido como CW1A de CW Botanicals, mismo que es prescrito a pacientes a partir de los 6 meses de edad. 2 investigadores hicieron una revisión retrospectiva de las fichas de los pacientes en tratamiento, en vistas a preparar una guía de seguridad y eficacia del producto. Se identificaron 11 pacientes con ER con edades entre 6 meses y 21 años. Todos los pacientes tuvieron una reducción de crisis significativa luego de 3 meses con un rango de 55 a 100% y un promedio de 90%; 10 pacientes tuvieron una reducción del 89% o más y 5 quedaron libres de crisis luego de 3 meses de tratamiento. Las dosis oscilaron entre 4 y 16mg/ kg/día con un promedio de 10mg/kg/día. No se reportaron efectos adversos del extracto rico en CBD y bajo THC, pero sí de la medicación anti-epiléptica concomitante que incluyeron irritabilidad y aumento de las crisis, los que desaparecieron el reducir los FAE sin modificar el CBD. 

En nuestra experiencia clínica, los resultados en el tratamiento de la ER con CBD haciendo una dosificación precisa y monitorizando estrechamente los potenciales efectos adversos y las dosis de los FAE que están recibiendo al iniciar el tratamiento, son muy satisfactorios. Además de reducir la frecuencia de crisis, mejora el sueño, las ingestas y la alerta y en consecuencia el desarrollo de los niños y la calidad de vida de los pacientes y su familia. El rango de dosis a las que responden la mayoría de los pacientes está entre 4-6mg/kg/día. En todos los casos se ha ido reduciendo los FAE y algunos pacientes al presente sólo reciben CBD y otros han quedado con un solo medicamento adicional con dosis menores de las del inicio del tratamiento. Los efectos adversos en general de intensidad leve se han debido a los FAE y respondieron al descenso de las dosis de FAE y CBD. En ningún caso se ha debido interrumpir la medicación. Sin embargo, también nos han consultado por niños que recibiendo aceites mejoraron el primer mes y luego aumentan las crisis. Esos casos estaban recibiendo aceites no testados en los que no se sabía la composición y concentración de los cannabinoides y por lo tanto la dosificación de cannabinoides.